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Las mujeres que se tapaban la boca

June 2, 2017

Las mujeres tenemos el poder de cambiar una cultura que nos margina, que no quiere decir la palabra jueza, que no quiere decir la palabra ministra ni la palabra abogada, que no deja que nos veamos. Es una cultura que no nos nombra. La palabra es el principal instrumento de identificación y construcción de la sociedad de que formamos parte, sin importar si nuestro lugar en la jerarquía   está arriba o abajo.

 

La Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 2008 como el Año Internacional de los Idiomas, para fomentar el multilingüismo, es decir, la protección de las múltiples culturas. Ello, porque las lenguas constituyen también un factor estratégico para avanzar hacia un desarrollo sostenible, que pueda llevarnos a una articulación armoniosa entre lo global y lo local, entre la historia y el presente, y entre los distintos pueblos.

 

Taparse la boca para hablar

 

Es de justicia destacar el rol de las mujeres como transmisoras de la historia y la cultura de su pueblo, afianzando la identidad del grupo. Ha sido así con la lengua Maya, y también es el caso de la cultura Toba en México. En el eje Orinoco-Amazonas, se hablan aproximadamente el 60% de las lenguas del mundo. Sin embargo, menos del 1% han sido tomadas en cuenta por los lingüistas.

 

 

En tiempos antiguos, los havasupai -cuyo nombre significa "gente de las aguas turquesas"- dominaron la zona del Gran Cañón del Colorado, en EE.UU, hasta que la colonización los redujo a una franja. Mona Polacca, nieta del último jefe de la tribu, forma parte de un grupo cuya misión es resguardar los conocimientos ancestrales, hacer respetar sus derechos y predicar la paz. “Yo le pregunté a mi madre –dice Mona- cómo había hecho para mantener su lengua en esas escuelas en que los obligaban a hablar inglés. Me contó que ella y sus amigas, se sentaban lejos, bajo unos árboles, y se ponían la mano en la boca para pronunciar las palabras que aprendieron en el calor de su hogar.” Hasta ahora, las mujeres de esa época se tapan la boca al hablar.

 

女书 El idioma secreto de las mujeres chinas

 

En la antigua ciudad de Junán, al sur de China, se enseñaba el nanshu o escritura de hombres; por supuesto las mujeres no podían acceder a su aprendizaje. Ellas inventaron secretamente entonces el  nüshu (女书), lenguaje de mujeres, que fue transmitido por madres a hijas, también en secreto, a partir del siglo III d.C. Tras la Revolución Cultural, que se llevó a cabo entre 1966 y 1976, la lengua de las mujeres cayó en desuso, en parte porque tuvieron acceso a la educación y también porque miles de manuscritos fueron destruidos por temor a que contuvieran vestigios de la cultura anterior.

 

La última hablante del nüshu, Yang Huanyi, murió en 2004 a los 98 años. Fue la representante china a la Conferencia de Beijing, desde donde promovió la recuperación de su lengua, que por siglos había sido utilizada por las mujeres para escapar de su soledad y semi esclavitud. Eran educadas en ello desde pequeñas para que cuando estuviesen casadas, pudieran comunicar sus penas y alegrías.

 

 

La palabra que pronuncia la mujer indígena en Chile

 

Carmen Cardinali, hoy de 73 años, ha dedicado toda su vida a preservar la lengua rapanui, que corre el riesgo de extinguirse. Es la profesora más antigua de la isla y líder de un grupo de mujeres que sueñan con crear un diccionario, que ordene y sistematice las normas y cree una especie de alfabeto pascuense.

 

Los habitantes de la Isla hablan de oído y la lengua se conserva gracias a Carmen. El hecho de que haya un buen diccionario y una descripción lingüística, si bien no evita que una lengua desaparezca del uso, colabora a que las tradiciones y su sabiduría no se pierdan para siempre, ayuda a evitar que la vida de un pueblo se esfume en el tiempo, sin dejar rastros. Eso sería, sin duda, una pérdida enorme para la Humanidad. Algo así como la destrucción de los monumentos sonoros de nuestras culturas.

 

Uberlinda, una warni de Tarapacá

 

Años atrás, el Sernam se acercó a Cariquima, en Colchane, Región de Tarapacá, para ponerse en contacto con las warnis (mujeres) del lugar. Uberlinda, temerosa de molestar a su marido con haber ido a este encuentro, de a poco se fue integrando y puso su nombre en la lista de las asistentes, junto a los de otras mujeres.

 

Varias warnis se reunieron en ese poblado a 3800 metros de altura, con calles de piedra y casas de adobe. Conocieron de la Reforma Previsional ya puesta en marcha, y se enteraron de que había soluciones para ellas. Las palabras de todas esas mujeres ahí reunidas, se trenzaban igual que el pelo oscuro de Uberlinda, construyendo nuevos conocimientos que servían para conocerse mejor, saber de sus derechos y cómo hacer uso de ellos.

 

Diferentes warnis contaban que las mujeres participan en el trabajo agrícola, junto a los hombres, y que todo lo relacionado con las semillas está a su cargo, transmitiendo su conocimiento de una generación a otra. Son ellas las que usan el traje típico. Los hombres no. "Deberían hacerlo –comentó una– porque nuestra vestimenta habla, dice cosas". Las warnis están comprometidas a defender y transmitir a su descendencia, valores que faciliten la convivencia en condiciones de paz, justicia y bienestar.

 

Las mapuche de Chile

 

Una mujer mapuche, me decía que la oralidad de su pueblo sigue estando vigente, aun cuando se expresen con las letras del alfabeto occidental. Me enseñaba –porque es profesora– que el ser humano usó el lenguaje oral como el primer instrumento para comunicarse y construir su sociedad. Que a través de la palabra hablada se construyó con precisión la historia humana. Me explicaba que hablar es crear, que decir las palabras para que otras y otros las escuchen, obliga a preocuparse de hablar bien, conservando la emoción del hecho narrado con el sonido de la garganta. Pero también ellas hablan del lenguaje de la vestimenta, y también quisieran que ellos la usaran cuando andan por la ciudad.

 

 

Un estudio publicado por la Universidad de Valparaíso, muestra que las mapuche que se han asentado en la ciudad, enfrentan dificultades para vivir su cultura. Pero siguen sintiendo su pertenencia principalmente a través de los relatos. Por eso, para las mapuche la familia es un referente del tronco ancestral común, además de una instancia de transmisión cultural privilegiada, y más que nunca, cuando viven en la ciudad. En la familia lo prioritario es la conversación, donde se renuevan y consolidan los vínculos.

 

Las mujeres y hombres mapuche jóvenes, escriben y leen lo escrito, pero para escribir continúan basándose en la tradición oral. La lengua, como dice una investigadora del lenguaje, no sólo expresa la realidad, sino que además la ordena, le da una estructura. La lengua legitima la existencia de algo. Lo que no tiene nombre no existe. Un lenguaje rico puede ampliar el pensamiento, y el habla empobrecida, lo limita.

 

Es posible una lengua inclusiva

 

Por eso, cuando se dice “el hombre pobló la Tierra”, sentimos la ausencia del protagonismo compartido con la mujer. Porque no dice “el hombre y la mujer”. Y eso es empobrecer el lenguaje y truncar la verdad. Antes no se decía “jueza”, porque no había juezas, pero hoy las hay y debemos legitimar su existencia nombrándolas.

El lenguaje es un instrumento para pensar, para convencer, para destacar, para crecer y para cambiar. Las mujeres lo desarrollamos con rapidez y somos las responsables de transmitir la cultura y sus valores a nuestras hijas e hijos. Por eso, nos endosan que las mujeres criamos hombres machistas, porque somos sus educadoras. Pero lo que en realidad ocurre, es que las mujeres traspasamos a la prole, lo que nos ordena la cultura imperante, hegemónica y que no construimos nosotras. Pero ahora, ya sabemos que se puede construir otra, una donde todas y todos entremos y podamos desarrollarnos como pueblo.

Tenemos el poder de cambiar una cultura que nos margina, que no quiere decir la palabra jueza, que no quiere decir la palabra ministra ni la palabra abogada, que no deja que nos veamos. Es una cultura que no nos nombra, y cuando se lee la historia que han escrito los hombres, el que lee piensa que nunca estuvimos, que nada hicimos por estar en donde estamos. El lenguaje nos hace pensar que el hombre ha hecho los avances en la sociedad, cuando debería decirse que son las mujeres y los hombres.

Si somos las encargadas de transmitir la cultura, de crear pensamiento, hagamos uso de ese poder, transmitamos a nuestros hijos e hijas, la idea de igualdad entre mujeres y hombres, y describamos la realidad tal como es, mostremos lo que de verdad somos, sin ocultarnos a nosotras mismas.

 

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