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ABORTO PRO-VIDA… o EL DERECHO A NACER DESEADO

March 17, 2017

 

 

Cuando se habla de aborto, mentirosamente algunos hablan de la “defensa” del niño que está por nacer. En realidad no se trata de un niño, y tampoco de uno que está por nacer. Tampoco en ese caso la mujer es madre sino sólo una mujer que quedó embarazada.

 

 

  • Desmembrado por una jauría de perros hace un tiempo, terminó sus primeras horas de vida un bebé de sexo masculino en la pujante comuna de La Florida, siendo descubierto el hecho por un vecino que conmocionado narraba lo visto con los ojos repletos de lágrimas.

 

  • Agreguemos que a menudo nos enteramos de que un tarro de basura se transforma en  la primera cuna de una guagua chilena. Se trata sin duda, de formas de aborto tardío que a todos nos parecen espeluznantes...  Pero el horror sentido por las miles de personas que se enteran de tales noticias, no ha tenido por resultado que el país empiece a pensar en cómo realizar los cambios que se necesitan para que los niños y niñas que llegan a la vida en este territorio tengan asegurada una existencia digna y feliz.  

 

Ciertas plazas, estacionamientos abiertos o el interior de un taxi “express”, nos  dejan ver a niñas y niños víctimas de la explotación sexual y de noches sin hogar. Respetables caballeros y distinguidos jóvenes pueden ser avistados subiendo a sus autos a mocositas y chicos que apenas alcanzaron a asomarse al sistema escolar, que no son ciudadanos, que no saben que tienen derechos.

 

Por otra parte, sabemos que hay pequeños compatriotas en recintos de reclusión, como fruto de una sociedad egoísta que mayoritariamente dice profesar la fe cristiana; esa fe ignorada cuando  llama a ser solidarios, a acoger al que sufre, a no escandalizar a los más pequeños. Somos una sociedad que se conmueve con el ejemplo de un Padre Hurtado abogando contra viento y marea a favor de los niños pobres. Es sin embargo, una chilenidad todavía incapaz de hacerse cargo de sus crías más débiles en forma más acogedora. La sociedad les ha fallado a  niñas, niños y jóvenes, y –urgida— quiere construir cientos de recintos para encerrarlos y quitarlos de su vista.  Jóvenes “antisociales”,  les llamamos,  en lugar de declararnos nosotros mismos, antisociales, es decir, en contra de la vida en sociedad digna, justa, humana.

 

Cuando los conservadores aprueban el aborto

 

Álvaro Vargas Llosa reflotó hace un tiempo la ambigua hipótesis criminal de William Bennet, quien fuera Secretario de Educación de Ronald Reagan,  señalando que abortar los fetos de raza negra reduciría la tasa de criminalidad  en los Estados Unidos.  La idea –sin el componente racista— la repite el economista de la Universidad de Chicago Steven Levitt, en el libro Freakonomics –redactado en conjunto con el periodista Stephen Dubner—  sosteniendo que la legalización del aborto en ese país, en 1973, ha sido determinante en la caída de la criminalidad a partir de 1990, año en que la generación que no nació tendría ahora “la edad en que los jóvenes comienzan” a delinquir, asegurando que esos millones de embriones y fetos abortados, de no haber sido así, habrían nacido en hogares donde no los deseaban y que los habrían descuidado o abusado, terminando en conductas criminales.

 

Nacer de madre soltera y en un hogar pobre son circunstancias que duplican la propensión del joven a la delincuencia, proclaman estos autores puestos en escaparate por Vargas, pasando por alto que aquello que las sociedades necesitan es disminuir la pobreza y evitar los embarazos en las adolescentes, a fin de que las personas puedan decidir cuántos hijos son capaces de sostener y en qué momento.

 

No hay que acabar con los pobres, sino con la pobreza. Imagino que cuando redactó la columna estaba de acuerdo con esto, pero ignoro por qué no lo dijo  entonces.

 

Pensando en los niños y las niñas ...

 

Los hijos no son seres indeseables para las mujeres pobres o jóvenes solteras, y tampoco deberían ser indeseables para un Estado. Lo que ocurre es que en ciertas circunstancias las mujeres no desean tener hijos porque no están seguras de poder cuidarlos, ya sea porque no quieren ser madres, porque fueron embarazadas a la fuerza (por un violador o por el Estado) o porque no cuentan con los medios ni la salud apropiados. La decisión la deben tomar las personas y no el sistema.

 

No podemos dejar de reconocer que hay niñas y niños que en sus propias casas sufren abusos, torturas domésticas, abandono y otros maltratos a manos de sus padres, abuelos, el “tío-vecino” u otro agente abusivo.  Sin que sea privativo de los barrios pobres –el grupo ABC1 esconde los casos pero a veces logran asomarse al conocimiento público— estos hechos son reprobables, dolorosos, y suelen tener origen en paternidades y maternidades no preparadas para recibir a sus polluelos, en una sociedad que no tiene esta problemática entre sus prioridades. Ni las instituciones que forman parte del Estado (léase parlamentos y sus leyes, poder judicial y su aplicación de leyes y normas, ministerios del poder ejecutivo) y otras, como las iglesias y partidos políticos a lo que se suman los medios de comunicación.

 

En medio de todo esto resulta desgarrador ver a algunas madres que se asocian al poder del agresor por temor a ser abandonadas o también golpeadas. Su sentido de maternidad ha sido derrotado por el dolor, la humillación sistemática, el desamparo y el desamor.

 

En medio de todo, hay instituciones y organismos trabajando para cambiar estas circunstancias inhumanas. Pero el cambio no será muy rápido si la ciudadanía no se hace sensible y le exige al sistema volverse más humano.

 

Obligando a nacer, para después...

 

Históricamente,  se han dedicado más esfuerzos a encarcelar a las mujeres que intentan no llevar a término la concepción de nuevas criaturas que ellas saben ​​que no podrán proteger, o que –nos guste o no-  no quieren recibir. 

 

Obligamos a nacer a inocentes que ​

​nadie desea, a los que no tenemos nada que ofrecer como grupo humano.  Hay quienes se ufanan porque “la obligué a tenerlo” y que luego se han desentendido del futuro de esa criatura, con

​elegante indiferencia.

 

Los niños y niñas que se venden por las noches, los que caen en el consumo de drogas ilícitas, los que incurren en delitos, los que fracasan, los que están en oferta para adopción, en gran número fueron obligados a nacer.  Porque –seamos serios— no se tiene un hijo por el puro afán de procrear, sino para realizar la maternidad/paternidad. Hay miles de casos de destinos tristes en que los progenitores,  aquellos de quienes mecánicamente se esperaba que  cuidaran  y acariciaran a sus retoños, nunca quisieron que nacieran. 

 

El aborto pro-vida

 

TODOS ESTAMOS CONTRA EL ABORTO y nadie anhela uno, pero muchos creemos que los niños y las niñas tienen derecho a nacer deseados, porque asegurar este derecho hace posible el cumplimiento de todos los demás, aunque los padres sean pobres, o poco preparados, o poco dotados.

 

Cuando se habla de legislar sobre la interrupción del embarazo, saltan las voces de siempre diciendo que aquello fomentará el aborto y el libertinaje. Probablemente haciendo uso de sus bolas de cristal para adivinar un futuro que no ven.. como tampoco el presente.

Si el empeño que se pone en defender la vida de un feto o embrión, se invirtiera en salvar del abandono a los niños que se llaman Johnattan, Margarita o Isabel, para que la misma sociedad que los arrinconó en la desesperanza no los castigue, tal vez ​

​seríamos más creíbles. Hasta ahora, la vida es humana para unos, pero escandalosamente indigna para otros. ¿De cuál vida hablamos cuando decimos que estamos por el derecho a la vida?

 

 

(1) Ver Elmostrador.cl de 1/14/02.

(2) Columna de La Tercera.

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